Recientemente, mis padres celebraron su aniversario # 45. Para que no pienses que son viejos te diré que se casaron después de graduarse del colegio. Yo soy el único miembro de la iglesia de Jesucristo De los Santos de Los Últimos Días en mi familia, pero he aprendido muchas lecciones de vida y principios eternos de mis padres a pesar de que no son miembros.

 

Aquí están las lecciones que he aprendido:

1. El amor requiere trabajo

Para mí, 45 años es mucho más de lo que yo he vivido, así que ese tipo de longevidad en el matrimonio es difícil de comprender. Y si 45 años son difíciles de comprender, la eternidad es casi imposible. Hay diversos discursos de la conferencia general, libros sobre relaciones e incluso estudios científicos que hablan sobre cómo hacer que el matrimonio funcione. Independientemente de la metodología o el tipo de creencia religiosa que una pareja desee escoger, el amor es difícil. Conozco esta verdad innegable al ver a mis padres trabajar tan minuciosamente a través de los problemas y hacer sacrificios para tratar de entenderse mutuamente y a veces fallar en todos esos aspectos. Y a final, debido a que cada uno tomó la decisión de sobrellevar los fracasos diariamente, pudieron tener éxito.

2. Nada es gratuito

enseñanzas del matrimonio

Mis padres me enseñaron fuertes principios financieros por lo que estoy eternamente agradecido. Cuando tenía 6 años, mi mamá y mi papá me enseñaron sobre el presupuesto. Me llevaron al banco y me ayudaron a abrir mi primera cuenta de ahorros. Cuando fui lo suficientemente mayor, me enseñaron sobre los impuestos, los intereses y el crédito. Estas conversaciones sobre economía junto con su ejemplo fueron muy valiosas para mí. Ellos siempre fueron frugales, incluso cuando teníamos abundancia. Cuando yo les rogaba por un juguete barato, la respuesta era un sólido “no”. ¡Eso no es digno de nuestro dinero! El dinero debe guardarse para cosas que lo merezcan.

Cuando tenía 9 años, yo quería un costoso juego de Lego, y mi padre quien es un abogado, me desafío a presentarle un buen argumento sobre por qué yo me merecía ese juguete.

Mi declaración final decía: tú tienes más dinero que yo, entonces tú debes comprarmelo porque si gastas 99 dólares no te hará daño en tu cuenta bancaria.

Rápidamente recibí el veredicto que decía que no tenía derecho al dinero de mis padres. Los derechos de propiedad y la frugalidad van de la mano. Me di cuenta que nadie puede administrar mejor el dinero que tú mismo. Y eso significa que si quieres algo, debes buscar la manera de pagar por ello. Porque no tienes derecho a tener lo que otros tienen. Nada es gratis.Es mucho mejor tener las cosas por las cuales trabajas y te esfuerzas por pagar.  Ese juego de Lego fue mi favorito de todos, porque ahorré para tenerlo, y todavía tenía dinero en el banco después de comprarlo.

3. La caridad es un estilo de vida

como preparase para los últimos días

A menudo con mi familia fuimos a organizaciones de caridad para hacer donaciones. Vi a mi padre ser voluntario en los Boy Scouts y en otras organizaciones. Mi madre era voluntaria en el colegio donde yo estudiaba, y pasaba horas en el teléfono hablando con nuestros familiares, haciéndoles sentir que eran especiales. La caridad es un estilo de vida, porque no tienes que pensar respecto a ello, o no tienes que esperar una recompensa, es algo que haces porque te nace. Lo haces porque amas a los demás.

4. La maternidad es un privilegio y un honor

enseñanzas del matrimonio

Mis padres hicieron todo lo que les fue posible para que mi madre pudiera quedarse en la casa con nosotros. Ella trabajó, asistió a la universidad durante la noche y ahorro su dinero. Debido a que ella guardó los principios de autosuficiencia desde una edad temprana, ella pudo quedarse en casa para criarnos a nosotros sus hijos. Mi mamá me leyó todos los días. Nos llevó a muchos paseos, al museo de la ciencia, el museo de los niños, la biblioteca, y a los campamentos. Nuestra mente, cuerpo y espíritu fueron nutridos gracias a su cuidado e instrucción. Ella nos crió para ser pensadores críticos inteligentes. Mi madre nos enseñó a través de su ejemplo, lo que significa ser una mujer fuerte y capaz. De ella aprendí que la maternidad es un honor, un privilegio y una fuerza poderosa para el bien.

5. La paternidad incluye sacrificio, liderazgo y amor

enseñanzas del matrimonio

Sabemos que la familia es parte de un plan divino que nos ayuda a llegar a ser más como nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador. La paternidad nos da la oportunidad de proveer, presidir y proteger. Mi padre, al igual que mi madre, se sacrificó cada día para proveer para nuestra familia. Él hizo su mejor esfuerzo para poder estar con nosotros a la hora de la cena, pero algunas veces llegaba tarde o no podía asistir. Yo siempre supe que él me amaba. Me leyó historias antes de dormir, dijo oraciones conmigo, y lo más importante fue que siempre se aseguró de hacerme saber que yo era importante en su vida. Él tuvo que tomar decisiones difíciles tales como mudarnos a lugares nuevos debido a su trabajo. Lo admiro inmensamente por su valentía y liderazgo y por los sacrificios que hizo y por el amor que mostró hacia cada uno de nosotros.

6. El matrimonio es una asociación igualitaria y la familia es una unidad

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Mis padres se complementan el uno al otro con sus talentos. Mi papá era el visionario, el que siempre ponía las metas grandes. Mi mamá siempre era la persona detallista, la que se aseguraba de que hiciéramos cada paso para alcanzar nuestros objetivos. Ellos siempre trataron de enseñar a mi hermano y a mí la importancia de la familia como una unidad funcional en lugar de pensar que éramos sólo 4 personas que vivíamos en la misma casa. Teníamos responsabilidades y siempre estuvimos incluidos en las conversaciones familiares. Todos aplicamos nuestros respectivos talentos y habilidades para resolver los problemas y trabajamos juntos para encontrar soluciones.

7. ¡Diviértete!

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Mis padres trabajaron fuertemente cada día en cada una de sus labores, pero es muy importante llenar la vida con un poco de diversión. A veces cuando llamo a mis padres para saludarlos, mi mamá dice: “lo siento, le acabo de pegar a tu papá con mi almohada y se ofendió”. Nosotros siempre buscamos formas de hacer que nuestras conversaciones tengan un poco de diversión. A veces compartimos artículos divertidos, o hacemos guerra de medias (después de lavar la ropa jugamos a lanzarle una media a alguien en la casa), o contamos historias viejas para recordar. Como siempre dice mi mamá, “¡tienes que reír!”.

8. El tiempo familiar es importante

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Nosotros teníamos un horario para la cena familiar, y siempre hicimos el esfuerzo para hacer que así sucediera cada noche. La cena siempre incluía discusiones sobre logística familiar, compromisos, tareas, etc., También incluimos temas divertidos, interesantes o actuales. Nuestros padres esperaban que tuviéramos nuestro mejor comportamiento y buenos modales en la mesa. La cena nos enseñó a actuar con madurez, presentar nuestras ideas claramente y a colaborarnos mutuamente.

9. Por sobre todas las cosas, amarse el uno al otro

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Cuando mi hermano y yo peleabamos, mi padre decía: “él es el único hermano que tienes, así que necesitan aprender a llevarse bien el uno al otro y a amarse mutuamente”. El amor es difícil, como lo mencioné al principio, pero mis padres me enseñaron a ver de una manera clara que el amor es lo más importante en la familia. Los 45 años de éxito familiar, financiero, y matrimonial, me comprueban que mis padres pusieron el amor sobre todas las cosas.

Como miembros de la iglesia, mi futura esposa y yo, haremos las cosas un poco diferente en nuestra nueva familia. Sin embargo, el ejemplo de mis padres que no son miembros es un faro para nosotros. Ellos son espíritus rectos que recibieron guía divina para criar a su familia y sostener su matrimonio durante 45 años. Doy gracias diariamente a mi Padre Celestial por su inspiración. No puedo esperar hasta tener la oportunidad de criar a mi propia familia con prudencia, diversión, caridad, respeto y amor, como el ejemplo que me dieron mis padres.

 

Este artículo fue escrito originalmente por Morgan Gilmour y fue publicado en millennialmormon.com, con el título: “9 Eternal Principles I Learned From my Non-Member Parents”

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