El día de San Valentín, el presidente Thomas S. Monson publicó en Facebook, un mensaje acerca sobre el significado del verdadero amor. 

El amor es la esencia misma del Evangelio, el atributo más noble del alma humana; el amor es el remedio para las familias en crisis, para las comunidades enfermas y las naciones con problemas; el amor es una sonrisa, un saludo, un comentario amable y un cumplido; el amor es sacrificio, servicio y desinterés.

Maridos, amen a su esposa; trátenla con dignidad y aprecio. Hermanas, amen a su marido; trátenlo con honor y aliento.

Padres, amen a sus hijos, oren por ellos, enséñenles y testifíquenles. Hijos, amen a sus padres; muéstrenles respeto, gratitud y obediencia.

Mormón nos aconseja que, sin el amor puro de Cristo, “no [somos] nada”. Ruego que sigamos el consejo de Mormón de “[pedir] al Padre con toda la energía de [nuestros] corazones, que [seamos] llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo; para que [lleguemos] a ser hijos de Dios; para que cuando él aparezca, seamos semejantes a él”.

La publicación en Facebook fue parte del mensaje de la Primera Presidencia para el mes de febrero. El presidente Monson ha ejemplificado este amor en su propia vida, especialmente con el bello matrimonio que construyó con su dulce esposa, Frances.

Después de su fallecimiento, el presidente Monson compartió en la conferencia general de octubre de 2013: “Hace seis meses cuando nos encontramos en nuestra conferencia general, mi dulce esposa, Frances, estaba en el hospital, porque había sufrido una devastadora caída tan sólo unos días antes. En mayo, después de seis semanas de lucha valiente para superar sus heridas, pasó dulcemente a la eternidad. La extraño profundamente. Ella y yo nos casamos en el Templo de Salt Lake el 7 de octubre de 1948. Mañana hubiéramos cumplido 65 años de casados. Ella fue el amor de mi vida, mi compañera leal y mi amiga más cercana. El decir que la extraño no llega a expresar lo profundo de mis sentimientos.

Esta conferencia marca 50 años desde que fui llamado al Quórum de los Doce Apóstoles, por el presidente David O. McKay. En todos estos años sólo tuve el total y completo apoyo de mi dulce compañera. Son incontables los sacrificios que ella hizo para que yo pudiera cumplir con mi llamamiento. Nunca la escuché quejarse cuando por lo general se me requería pasar días, algunas veces semanas, lejos de ella y de nuestros hijos. Ciertamente, ella era un ángel”.

Esforcémonos por desarrollar el amor en nuestras familias que el Presidente Monson nos enseña, tanto en palabras como a través del ejemplo. Como dijo en el mensaje de la Primera Presidencia de este mes: “En el mundo actual, en ninguna otra parte se necesita más ese firme cimiento de amor que en el hogar; y en ninguna parte debe el mundo encontrar un mejor ejemplo de ese cimiento que en los hogares de los Santos de los Últimos Días que han hecho del amor el fundamento de su vida familiar”.

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