Mis estudios académicos del mundo antiguo por los últimos 40 años me han enseñado una gran lección sobre los tiempos modernos: Los Santos de los Últimos Días, deben ser el grupo de personas más optimistas en la historia. Si realmente entendemos el propósito definitivo de Dios detrás de todo lo que se ha hecho en Su iglesia, el optimismo no puede hacer más que penetrar nuestras almas. Déjenme explicarles el por qué.

Algunos temas poderosamente positivos han emergido de mis estudios de las culturas del antiguo Medio Oriente (Egipto, Mesopotamia, Siria-Palestina, Anatolia, Grecia y Roma).

Uno [de esos temas] es la centralidad e importancia de un templo en casi cada cultura. Otro es la incansable búsqueda de la humanidad de tener contacto con lo divino – disfrutar de la comunión con los dioses que son adorados y honrados en los templos. Este deseo de comunión con la deidad en santuarios especiales es tan antiguo como la civilización occidental. Es también un deseo significativo que poseen los Santos de los Últimos Días.

1.La Medición de la Eternidad

Tal vez los ejemplos documentados más antiguos de un intento de comunión con la deidad son de los Egipcios. Unificados como un reino bajo el mando de un dios-rey (El Faraón) alrededor del año 3000 A.C. los antiguos egipcios no solo creían que podían disfrutar de la comunión con sus dioses, sino que también creían firmemente que podrían volverse como sus dioses. Los egipcios estaban obsesionados con la eternidad y la vida eterna. Prácticamente todos los que no fuesen esclavos después del año 2000 A.C pensaban en la eternidad.

Los antiguos egipcios preveían dos paralelos, zonas de tiempo contiguos, ambas originadas cuando los dioses crearon el mundo. Una zona era la línea de tiempo de los vivos, en la cual los seres humanos nacían, vivían sus vidas, tenían sus profesiones, y alcanzaban sus logros, grandes o pequeños. La otra era la zona de los dioses, o la zona de la eternidad, en la que todos podrían vivir para siempre. desplazados sin limitaciones temporales ni mortales, disfrutando todas las cosas buenas – una continua asociación familiar, incluyendo relaciones matrimoniales, la compañía de los dioses y la habilidad de moverse hacia atrás o adelante entre las zonas para influir en las actividades mortales.

La muerte era un evento transitorio y un portal por el cual los humanos pasaban con la esperanza de ganar la admisión a la zona de la eternidad. Esta obsesión por la vida eterna  – la vida con y como los dioses – Es obvio  para los viajeros modernos que casi en todos lados toda la cultura egipcia es exhibida con imágenes de objetos tales como templos, tumbas, pirámides y momias.

2. Templos Egipcios y Templos SUD

Templo mormón de Santo Domingo

Templo de Santo Domingo

Hugh Nibley dijo, “ La meta comúnmente expresada y objetivo por el cual visitar un templo egipcio es para ‘ver a dios’” (Nibley, El mensaje de los papiros de José Smith – Una Investidura Egipcia, 441). Los templos en el antiguo egipto eran la casa de los dioses, tal como indicaban sus títulos. El nombre más común en el antiguo egipto para un templo fue het-nejer, el que literalmente significa “La mansión de dios.”

El templo era, según el modo de pensar en el antiguo egipto, el lugar donde los dioses vivían en la tierra, Además, los templos eran conocidos también como “las casas de la eternidad.” El profesor Alemán de Egiptología, Dieter Kurth señala lo siguiente:    

Debido a que la naturaleza de un dios tenía una dimensión cósmica, el templo, en su diseño y decoración estaba modelado en el mundo…Sus muros fueron decorados con plantas y animales, representando a la tierra, los techos de sus habitaciones fueron lujosamente decorados con estrellas, representando el cielo, y las columnas de soporte tenían la intención de representar las plantas y árboles.

Cada templo egipcio tenía esta apariencia: Era una copia del mundo. En las inscripciones del periodo Greco-Romano el templo incluso fue denominado “cielo” u “horizonte.” El gran complejo del templo de Karnak fue también conocido como “El Cielo en la Tierra.”

El templo debía ser puro si el dios lo iba a aceptar como su casa. La pureza comenzaba con la construcción misma: ningún ruido o impureza era permitido al interior del templo (El Templo de Edfu, Una Guia por un Sacerdote del Antiguo Egipto, 8).

Los templos egipcios además simbolizaban la ascensión del hombre a los reinos de los dioses, y aquellos templos fueron construidos para demostrar literalmente los grados de ascendentes de santidad. Al entrar a un templo e internarse por el camino, cada una de las habitaciones divididas era ligeramente más alta que la anterior hasta llegar al lugar santísimo. (Todo esto nos debe llevar a considerar los templos SUD.)

Los rituales asociados con el conferir poder y autoridad de vida eterna fueron aparentemente recreados en los templos del antiguo egipto. Estos incluían, ungir a los adoradores, quienes eran usualmente el Faraón y los sacerdotes egipcios, re vestirlos, y llevarlos ante el dios o diosa para culminar en un ritual donde se intercambiaban fórmulas verbales. En las murallas del templo habían tallados jeroglíficos que significaban la entrega de cualidades asociadas a la vida eterna. Dos de los más comunes eran el símbolo ankh (Traducido como “vida” o “vida eterna”) y el cetro de was (Traducido como “poder y autoridad”). Frecuentemente, se combinaban palabras para formar la frase, “poder y autoridad por la eternidad”, la cual estaba tallada en algunos muros del templo.

3. Volverse como Dios: Una Vía al Optimismo

Para obtener la vida eterna se esperaba que todos vivieran bajo los principios de Ma’at traducido más o menos como “verdad,” “justicia,” “armonía,” “balance,” y “rectitud”. Ma’at era la norma por la cual todos los humanos eran medidos.

Los egipcios creían que cada candidato para la vida eterna sería juzgado comparando su corazón con la pluma de Ma’at, como lo describe la famosa escena del papiro egipcio, Un corazón tan liviano, o más liviano [que la pluma] requería Ma’at. Por último, obtener la vida eterna era cuestión del corazón.  

Quizás el efecto más significativo producido por las convicciones egipcias de que podían convertirse y vivir con los dioses se reflejaba en su estado de ánimo, su perspectiva y el tono de su civilización; el que era profundamente optimista. Los antiguos egipcios eran personas confiadas, optimistas e incluso seguros de sí mismos. Aunque estos sentimientos disminuyeron después del Antiguo Reino, regresaban una y otra vez durante el Medio y el Nuevo Reino.

El estado de ánimo expresado por el arte egipcio, la arquitectura y la literatura, era uno de las más esperanzadoras anticipaciones del futuro. Las buenas cosas de la línea temporal podrían continuar, y así los egipcios tenían profundas razones para ser optimistas, serenos, y confiados incluso cuando enfrentaban – o más bien especialmente cuando enfrentaban – pruebas y tragedias de la existencia mortal. El suyo era el mejor de todos los mundos posibles, precisamente porque tenían la esperanza de que el futuro sería una extensión de todos los mejores aspectos del presente, culminando en una reunión con sus seres queridos y los dioses en la zona eterna. Había tres temas importantes en la vida para los antiguos egipcios: La familia, la ascensión y la reunión.

Esto nos trae al presente. Los paralelos, entre la cultura del antiguo egipcio y la teología de los Santos de los Últimos Días modernos son impactantes y en definitiva centrados en la divina verdad de que los seres humanos pueden volverse como la deidad.

Los antiguos egipcios y los Santos de los Últimos Días afirman que el propósito definitivo de esta vida es más vida. Pero nuestra teología y razones para ser optimistas son incluso más ricas. Como el Presidente Gordon B. Hinckley enseñó, “El diseño completo del evangelio es guiarnos hacia nuevos y grandes logros, incluso, finalmente, la divinidad. Esta gran posibilidad fue enunciada por el Profeta José Smith en el sermón de King Follet y enfatizado por el Presidente Lorenzo Snow. Es un gran e incomparable concepto: Así como Dios es, el hombre puede llegar a ser… [Gordon B. Hinckey dijo:] “Creo que nuestro Padre Celestial desea que sus hijos sean semejantes a Él a Su naturaleza, y que estén a Su lado en gloriosa fortaleza y sabiduría divinas” (Conferencia General, octubre 1994).

Como los antiguos egipcios, los Santos de los Últimos Días modernos deberían ser las personas más optimistas del planeta. No es casualidad que el Presidente Hinckley fuera conocido por su profundo optimismo – él entendió nuestro destino. Él dijo, “Abrigo un verdadero sentido de optimismo con respecto a esta obra…El evangelio significa “buenas nuevas”. Es un mensaje triunfal y su causa debe aceptarse con entusiasmo”. (Conferencia General, octubre 1995). Tal vez el verdadero significado de la última frase del Presidente Hinckley se nos escapa, pero en realidad, nos atrae directamente a la doctrina de la deificación y este profundo y optimista entusiasmo debería producir en cada uno de nosotros la palabra “entusiasmo” derivada de la frase griega que literalmente quiere decir, “Dios en nosotros”.    

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Andrew Skinner y publicado en ldsliving.com, con el título “3 Fascinating Connections Between LDS & Ancient Egyptian Temple Worship & Beliefs]”  

Español ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | Englsih ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company

 

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