Al estudiar esta clase de Escuela Dominical de Doctrinas y Convenios entendamos que el objetivo es tomar la resolución de fortalecer el reino de Dios por medio del servicio diligente, en particular, dando a conocer el Evangelio a través la obra misional.

Servir con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza

Al leer D. y C. 3:1-2, veremos los requisitos que nos pide el Señor para poder servir en Su reino. Esto es con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. El Padre de José Smith dedicó su vida al servicio del Señor. A continuación el siguiente relato:

“Joseph Smith, padre, poseía un gran testimonio de la verdad y siempre tenía deseos de compartir el Evangelio con los demás. Tenía casi sesenta años cuando realizó el fatigoso viaje… para llevar el Evangelio a sus padres, a sus hermanas y hermanos. Poco después de su regreso [a casa], fue llevado a la cárcel por una pequeña deuda de sólo catorce dólares, porque no quiso negar la divinidad del Libro de Mormón, lo cual era el requisito que se le pedía para saldar la deuda. Fue puesto en una celda junto a un condenado por asesinato y dejado allí sin comida durante cuatro días. Más tarde, fue trasladado al sitio donde trabajaban los presos y allí predicó el Evangelio y convirtió a dos personas, las que más adelante él bautizó. Estuvo en la cárcel un mes entero antes de que su familia pudiese obtener su libertad” .

Lección 11 Doctrina y Convenios: “… el campo blanco está ya para siega”

El campo blanco está

En Doctrina y Convenios, el Señor explica la urgencia de predicar el Evangelio. Eso se debe a que el propósito de la obra misional es “la salvación de almas”. El élder Henry B. Eyring relató la siguiente experiencia:

“Es muy fácil decir: ‘El momento no es oportuno’. Pero existe el peligro de la postergación. Hace años trabajé con un hombre en California que me empleó, fue bondadoso conmigo y parecía respetarme mucho. Quizás yo era el único Santo de los Últimos Días que él jamás había conocido bien. No sé cuáles fueron todas las razones por las que esperé un momento más oportuno para hablarle acerca del Evangelio. Sólo recuerdo los sentimientos de pesar que experimenté cuando, después de haberse jubilado y mudado a otro lugar, me enteré de que él y su esposa habían muerto en un accidente de automóvil una noche en que se dirigían a su hogar en Carmel, California. Él amaba a su esposa y a sus hijos; había amado a sus padres; amaba a sus nietos, y amará a los hijos de éstos y querrá vivir con ellos para siempre.

“Ahora bien, no sé cómo se relacionarán las multitudes en la vida venidera, pero supongo que lo encontraré, que me mirará a los ojos y que percibiré en los de él la pregunta: ‘¿Tú lo sabías? ¿Por qué no me lo dijiste?’ ”

Al servir diligentemente al Señor, recibiremos hermosas bendiciones por compartir el Evangelio y bendeciremos la vida de otras personas y sus generaciones también.

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