Al estudiar esta importante clase, entendamos que el objetivo es comprender que el matrimonio eterno constituye una parte esencial del plan de nuestro Padre Celestial. Por eso, debemos prepararnos para el matrimonio eterno y que nuestros matrimonios vivan fieles a este convenio.

El matrimonio es una parte importante del Plan de Salvación

En D. y C. 131 y 132 contienen las revelaciones que el Señor le dio al profeta José Smith con respecto al matrimonio eterno. Cuando el élder Parley P. Pratt escuchó al profeta estas doctrinas del matrimonio, él declaró:

“Yo había amado antes, pero no sabía por qué. Pero desde entonces he amado con la pureza, con la intensidad de un sentimiento noble, sublime, que ha elevado mi alma… He sentido que Dios es en verdad mi Padre Celestial, que Jesús es mi hermano y que mi amada esposa es una compañera inmortal, eterna… en resumen, desde entonces, he podido amar con el espíritu y con el entendimiento también”(Autobiography of Parley P. Pratt, 1975, pág. 298).

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “El matrimonio, según lo entienden los Santos de los Últimos Días, es un convenio ordenado para ser eterno. Es el fundamento de la exaltación eterna, pues sin él no podría haber progreso eterno en el reino de Dios” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 54).

Las bendiciones de un matrimonio en el templo

Cuando un hombre y una mujer se casan en el templo por el tiempo y por la eternidad, hacen un convenio con el Señor y estas son unas de las bendiciones más importantes que reciben:

  1. Estarán juntos “por el tiempo y por toda la eternidad. Sus hijos también pueden ser parte de su familia eterna.

 

  1. Serán exaltados en el grado más alto del reino celestial con el Padre Celestial y con Jesucristo.

 

  1. Heredarán “tronos, reinos, principados, potestades y dominios”.

 

  1. Tendrán continuación de las simientes, o sea, hijos espirituales, por toda la

 

  1. “…serán dioses, porque tendrán todo poder”.

 

Este es el tiempo para que los jóvenes se preparen para el matrimonio

El presidente Spencer W. Kimball dijo: “El matrimonio es quizá la más importante de todas… las decisiones que tomamos y la que tiene consecuencias de más largo alcance, puesto que tiene que ver no tan sólo con la felicidad inmediata, sino también con el regocijo eterno. No sólo afecta a las dos personas interesadas, sino también a sus familiares y en particular a sus hijos y a los hijos de sus hijos a través de las muchas generaciones” (“Oneness in Marriage”, Ensign, marzo de 1977, pág. 3)

matrimonio sud

Al momento de esta decisión podemos seguir el ejemplo del presidente Gordon B. Hinckley: “Seleccionen a un cónyuge que sea de la misma fe que ustedes; será mucho más factible que sean felices. Elijan a un cónyuge al que siempre puedan honrar, al que siempre puedan respetar, una persona que los complemente en su vida, alguien a quien le puedan entregar todo el corazón, todo su amor, toda su devoción, toda su lealtad”.