Hay algo que podemos aprender de la primera historia de la Biblia – de nuestros primeros padres Adán y Eva – que es perfectamente relevante para los matrimonios y las familias de hoy.

Pero antes de llegar a esa historia, considere por un momento la importancia primordial de las relaciones matrimoniales. Esa relación tiene más que ver con nuestra felicidad que con cualquier otra cosa, y también puede tener más que ver con nuestra paternidad que cualquier otro factor.

Nos gusta el viejo cliché que le dice a los hombres: “Lo mejor que puedes hacer por tus hijos es amar a su madre”, y lo que se les dice a las mujeres: “Lo mejor que puedes hacer por tus hijos es amar a su padre”.

Hay un muchos padres solteros maravillosos, pero los que tienen la suerte de compartir la paternidad con un cónyuge deben ser conscientes de que priorizar y poner todo su esfuerzo en “mantenerse casados” es tan importante como trabajar duro en la crianza de los hijos. Y si usted se pregunta en cuál trabajar primero, escoja el “mantenerse casados”, porque las buenas relaciones matrimoniales casi siempre mejoran la crianza de los hijos y las relaciones con los niños; mientras que la buena crianza no necesariamente nos ayuda en nuestro matrimonio.

Ahora, ¿qué tienen que ver Adán y Eva con esto?

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la historia del Jardín del Edén es muy diferente de la interpretación del resto del mundo judeocristiano.

Los mormones ven a Adán salir del jardín como una parte necesaria del plan de Dios y consideran a Eva lo suficientemente sabia como para darse cuenta de que participar del “fruto prohibido” era el desencadenante de la mortalidad que es el propósito de esta tierra (véase “La Caída de Adán” En lds.org).

Y los mormones no son los únicos. Un conocido nuestro, el columnista del New York Times Bruce Feiler, ha escrito un nuevo enigmático libro llamado “La primera historia de amor: Adán, Eva y nosotros”, que es revelador en muchos niveles.

Feiler también ve a Eva como el héroe de la historia, la que comprendió todo y que amaba a Adán lo suficiente como para compartir la fruta con él.

Él ve el relato como una historia de amor con los dos protagonistas una y otra vez escogiéndose mutuamente y permaneciendo juntos a través de todo tipo de tribulación, compartiendo sus alegrías y sus penas y enfrentando juntos las cargas abrumadoras de las crisis de la crianza, incluyendo el asesinato de uno de sus hijos por otro.

Hablando por nosotros mismos, la parte más poderosa de la historia es que Dios hace que Adán y Eva sean iguales. De hecho, los hace más que iguales, los hace uno. Considere la posibilidad de que la palabra “costilla” en la relato de Génesis pudiera estar mal traducido.

La palabra hebrea original “tsela” ocurre en muchas otras partes en la Biblia y que se traduce mejor como “lado” que como “costilla”, sugiriendo que Eva y Adán fueron creados lado a lado como iguales – como dos individuos que eran separados y diferentes pero iguales, cada uno necesitando el otro para complementarse.

Feiler incluso toma esa posibilidad un paso más allá -y estamos parafraseando e interpretando ahora- que tal vez Adán, el primer humano, fue inicialmente creado como hombre y mujer, y que Dios separó a la humanidad en dos partes complementarias, un hombre y una mujer, que podrían reunirse para asociarse y procrear y ser padres de la población del planeta.

Sea o no la forma en que se hizo, nos encanta el simbolismo de “lado a lado” y de la unidad que sugiere. En lugar de ser uno tomado del otro, ambos vienen como partes iguales de un todo, necesitando el uno del otro para ser completos y completarse así mismos.

Una razón por la que nos gusta este concepto es que la “unidad” es muy diferente – y pensamos que es mucho mejor – que la igualdad.

La idea de igualdad implica una especie de competencia, dos personas corriendo una carrera, cada una tratando de ganar, pero cruzando la línea de meta en un empate, exactamente iguales entre sí. ¿Quién es mejor? ¿Qué papel es dominante? ¿Quién fue hecho para quién? ¿Qué conjunto de roles, capacidades, habilidades y tendencias es más importante? La igualdad se convierte en un juicio.

Pero cuando pensamos en términos de unidad -de dos mitades de un todo- cada uno se necesita y se complementa y cada uno es incompleto sin el otro, empieza a surgir la idea y el sentimiento de unidad y la sinergia entre el yin y el yang comienza a manifestarse. Benjamin Franklin lo expresó de esta manera: “Un solo hombre es como un par de tijeras”.

Entonces, ¿qué es lo que las parejas casadas no consideran lo suficiente del mensaje de Adán y Eva?

Simplemente que el amor es lo más importante, y que nuestro estado natural y original es una unidad que deberíamos tratar de recuperar.

 

Fuente: DeseretNews.com

http://www.deseretnews.com/article/865677668/A-lesson-from-Adam-and-Eve.html

 

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