Hay un dicho que he escuchado por años: “Si quieres que el trabajo sea hecho, dáselo a una persona ocupada”. Creo que ese dicho es cierto, pero también creo que es cruel. Este dicho supone que ya que una persona está trabajando duro, está siendo responsable y realizando muchas cosas, que pueden manejar fácilmente “una cosita más”. Pero a medida que el mundo se apila en los hombros de la gente, va a ser más difícil que la gente ocupada enfrente las demandas excesivas.

El Principio del Sacrificio

Dentro de la Iglesia, se nos enseña a sacrificar. Crecemos con esta cita de José Smith resonando en nuestros oídos. “Una religión que no requiere el sacrificio de todas las cosas, nunca tiene el poder suficiente con el cual producir la fe necesaria para llevarnos a la vida y la salvación”. Leemos las escrituras y recordamos que “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). A menudo pensamos que si los pioneros pudieron soportar lo que hicieron, atravesar territorios inexplorados y soportar todo tipo de persecución, entonces seguramente deberíamos ser capaces de lidiar con nuestras muchas responsabilidades “modernas”. “¡Que vengan!”, decimos. “Yo debería ser capaz de hacer más”. Pensamos que somos invencibles, hasta que nos damos cuenta de que no lo somos. Para las personas que se enorgullecen de ser capaces de estar al tanto de todo, mantener todo recto, y que nunca decepcionan a nadie, puede ser catastrófico mentalmente, físicamente y espiritualmente cuando finalmente fallan. Como el Élder Neal A. Maxwell dijo, un “miembro de alto rendimiento, y bajo mantenimiento” puede convertirse en un desastre catatónico aplastado bajo el peso de una interminable lista de programas. No estoy diciendo que no debemos sacrificar, servir y consagrar nuestras vidas a la causa de Cristo y al servicio de los demás. Lo que estoy diciendo es que tenemos que ser más inteligentes acerca de cómo pasamos nuestro tiempo y simultáneamente hacer un esfuerzo más concertado para conseguir más personas involucradas para ayudar a llevar la carga. En una fábrica, si una planta tiene un aumento de demanda (más programas), también necesitan aumentar el nivel de producción para mantenerse a la altura de la demanda. Si los trabajadores tienen que hacer entre 8 y 12 horas al día finalmente se van a cansar. ¿Y entonces que? No habrá nadie para dirigir la planta. Incluso si estos trabajadores fieles tienen un fuerte deseo de trabajar más duro para mantener la planta en funcionamiento, físicamente no serán capaces de mantenerse al día y finalmente se derrumbarán. Perderán todo sentido de equilibrio en sus vidas.

Aprender a adaptarse

En mi llamamiento actual, comenzamos a notar que teníamos una reunión de estaca regular en la que la información transmitida era redundante e innecesaria. Durante años, nadie había cuestionado el propósito de esta reunión ni había identificado dónde se había originado. Probablemente fue idea de algún líder bien intencionado que estaba entusiasmado con un nuevo programa que quería implementar. Independientemente de sus comienzos, a esta reunión asistían unos 15-25 hombres muy ocupados, comprometidos, fieles y lejos de sus hogares y familias. Esto me preocupó, así que después que el presidente de estaca y yo nos dimos cuenta que esta reunión ni siquiera se mencionaba en los manuales de la Iglesia, decidimos reducir la frecuencia de esa reunión, permitiendo que esos hermanos pasaran tiempo con sus familias, ministrando a otros, o teniendo tiempo para ellos.

Las personas ocupadas, responsables y emocionalmente inteligentes odian decepcionar a otros. Es por eso que son capaces de hacer tanto. Es por eso que todo el mundo les pide que hagan más. Porque es fácil pedirle a alguien que haga algo cuando sabes que va a decir “sí” sin ninguna molestia. Es mucho más difícil llamar a cinco individuos e intentar que se involucren cuando no han mostrado ese comportamiento servicial en el pasado. Sin embargo, a medida que hacemos el esfuerzo adicional para involucrar a los que están fuera del círculo de los voluntarios regulares, podemos encontrar oportunidades cada vez mayores para las amistades y compañerismo que cualquier otra manera. Ayudamos a difundir la carga y a encontrar maneras de usar el talento de los que nos rodean para construir nuestras capillas y comunidades.

No corras más aprisa de lo que eres capaz

Según el Dr. Richard A. Swenson, el mundo está sufriendo ahora mismo. Como médico, él ve a personas cada 15 minutos en su consultorio médico que están ansiosas, estresadas, deprimidas y agotadas. Su diagnóstico para casi todas estas personas es este: “Ellos sufren de una falta de margen en sus vidas”. No hay paz. No hay calma. No hay tiempo de descanso entre los eventos y responsabilidades. Pasamos de programa en programa a programa sin tener tiempo para respirar profundo. Nos pesa tanto los ladrillos que se han apilado en nuestra mochilas que estamos a punto de caernos hacia atrás y bajar rodando la colina que hemos subido en la vida. José Smith tal vez dio la mejor analogía con respecto a la falta de margen (o equilibrio) y sus efectos sobre un individuo. Él dio el ejemplo de un arco de caza. Explicó que si la cuerda de un arco siempre se mantenía tirante, ésta perdería su elasticidad. “Es así con mi mente”, dijo el Profeta; “No quiero que esté tirante todo el tiempo” (José Smith, primer Presidente de la Iglesia). El Señor nos dio el consejo más conciso para ayudarnos a tener margen “en nuestras vidas”: “No corras más aprisa, ni trabajes más de lo que tus fuerzas y medios proporcionados” (DyC 10: 4-5).

Hay mamás por todas partes que están corriendo más aprisa de lo que se debería y están sufriendo de la sobrecarga de la expectativa. Hay padres por todas partes que desean liberar sus mentes por sólo unos pocos momentos sagrados para que puedan pasarlo con su esposa e hijos y, sin embargo, no pueden. La demanda es demasiado grande, es difícil decir que no, y es difícil priorizar. No podemos seguir pidiendo a los mismos cinco o diez personas en cada barrio que tomen el peso de los deberes eclesiásticos. Tampoco deberíamos. El Señor levantará nuestras cargas, pero también nos ha pedido que levantemos las cargas de los demás. Es por eso que estamos organizados en barrios y estacas y vecindarios. Cada uno tiene responsabilidades y convenios que cumplir en la edificación del reino de Sión.

Y si eres una de las personas que está corriendo más aprisa de lo que eres capaz, recuerda que está bien decir que “no” si sabes que estás muy ocupado. No “no” porque no vas a poder jugar videojuegos o ver repeticiones sin fin en Netflix. Debes decir “no” porque necesitas una noche libre a la semana para pasarla con tus hijos. Debes decir “no” porque han pasado cinco años desde que llevaste a tu esposa a una cita. Debes decir “no” porque ya tiene varios llamamientos exigentes. De ninguna manera te estoy alentando a que no aceptes una llamamiento o una tarea. De hecho, si un llamamiento viene a ti, creo debes hacer todo lo posible por aceptarlo y magnificarlo. Pero tenemos que tener en cuenta (tanto la persona que ofrece como la persona que recibe el llamamiento) donde se encuentra esta persona en la vida. ¿Hay suficiente “margen” en la vida de esta persona?

Muchos de nosotros estamos ocupados en nuestras propias maneras. La clave es estar ocupados haciendo las cosas que más importan. Todos lo sabemos, pero tenemos que encontrar una forma de recordarlo a diario. Entonces podremos ayudar más fácilmente a otros que sabemos que están ocupados o pasando por algún momento difícil. Seremos capaces de reconocer qué tan ocupados estamos y priorizar para que no descuidemos nuestras mayores responsabilidades. Podremos mantener un equilibrio entre nuestro trabajo, la familia, la iglesia y el tiempo para nosotros mismos para que no nos agotemos. Lo más importante, estaremos mejor conectados con el Espíritu y tendremos mayor capacidad de decir “sí” a las cosas que Dios nos pide.

 

Este artículo fue escrito originalmente por Greg Trimble  y publicado en ldsliving.com, con el título “Why we Shouldn’t Ask the Same People to Help at Church and in Callings All the Time”  

Español ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | English ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company

 

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