Nota del editor: Este artículo fue publicado en respuesta de la carta de un Padre a su hija hace 18 meses cuando su hija comenzó su misión de tiempo completo para La Iglesia de Jesucristo de Santos de los Últimos Días.

La misión no es para ti

Hace unos 18 meses entré en el Centro de Capacitación Misionero en Provo, Utah, para comenzar mi servicio como misionera de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me sentí desprevenida, pero lista para el nuevo desafío. Me dirigí a Brasil, pero pasé tres de mis seis semanas de entrenamiento en los Estados Unidos antes de recibir mi visa.

La misión no es para ti

Pasé por muchos lugares increíbles y conocí a gente aún más increíble. Dejé atrás la mayor parte de mi ropa, zapatos y mi corazón – pero algo que siempre guarde conmigo fue una carta de mi papá. La carta titulaba: “La misión no es para ti”.

La misión no es para ti

Ahora, 18 meses después, tengo la oportunidad de responder.***Querido papá, Esta es la frase que has estado esperando  oír desde que te hiciste padre.

Usted tenía razón. La misión no era para mí. Quiero decir, no es que no te creyera, pero ambos sabemos que me gusta probar las cosas por mí misma. Es una locura cómo algo que no es en absoluto destinado a tu beneficio en realidad termina siendo exactamente lo que necesitaba.

La misión no es para ti

Si hiciera una lista de todas las cosas que aprendí, nunca terminaría. Así que voy a compartir solo algunas cosas.

Creo que una de las cosas que más me gustó fue el hecho de que pude ver a la gente a través de los ojos de mi Padre Celestial. Conocí a gente que nunca había visto antes en mi vida, sin embargo, los sentía como viejos amigos. Podía sentir el amor del Padre Celestial por ellos como sus hijos.

Sin embargo, tuve que buscarlo – buscarlo más profundamente. Tuve que ver a esa gente a través de sus ojos. Como con todos los dones divinos, tenemos que trabajar para obtenerlos. No tenemos que ignorar las imperfecciones, pero tampoco podemos ignorar la luz en sus ojos.

Cada uno de nosotros es un hijo de Dios – literalmente. Básicamente, lo único que hice fue conocer a un montón de mis hermanos y hermanas de una manera completamente nueva.

Ahora, por supuesto, eso no fue fácil, papá. Dijiste que sería difícil, pero no te creí. Aunque podría ser difícil físicamente – con todos lo que tenia que caminar y el clima que Brasil. Hubieron puertas cerradas en mi cara, o peor, puertas que nunca se abrieron. Creo que escuché más “no” de extraños como nunca antes había oído de ti o de mamá.

Pero entonces recordé una cita que tuve en la pared del presidente Thomas S. Monson: “Nosotros, como siervos, no podemos esperar más que el Maestro, que dejó la mortalidad sólo después de un gran dolor y sufrimiento”.

!Bingo!

Esto se suponía que era difícil. Debemos abandonar nuestras zonas de confort para crecer. Una de las hermanas de mi misión dijo una vez: “Es su trabajo, así que tenemos que hacerlo a su manera”. Y esa es la verdad. ¿Cómo podemos esperar tratar de hacer las cosas a nuestra manera cuando su manera ya funciona perfectamente?

Tal como dijiste que lo haría, el albedrío de otros me afectó mucho. Mientras muchos dijeron “no”, hubieron algunos que dijeron “sí”. Y algunos de los que dijeron “sí” cambiaron  y se unieron a los “no”. Me rompió el corazón muchas veces. Pero, como me dijiste, no dejé de llamar a sus corazones.

La oración se convirtió en una parte vital de mi vida y me gustaría haber aprendido esa lección más pronto. Cuando llegaron los peores días y sentí que toda esperanza se había perdido, hablar con el Padre Celestial fue un salvavidas.

La lección más grande y más importante que  aprendi fue cómo aceptar la voluntad del Señor y luego seguir adelante. Debemos hacer las cosas a su manera. Todas las cosas. Como prometimos que lo haríamos. Una vez que aceptamos lo que  pide, la vida es mucho más fácil. El Señor nos dio autoridad, pero también nos dio mandamientos y consejos. La forma en que usamos el albedrio es lo que finalmente determinará nuestra felicidad.

Por supuesto, todas estas lecciones se aplican ahora, al final de esta experiencia. Ir a una misión, regresar a casa y olvidar todas las lecciones que hemos aprendido sería un día muy triste. No significa nada si no lo aplicamos a nuestras vidas.

Gracias Papá. Por todo. Incluso cuando te he hecho la vida difícil, estoy segura de que valió la pena, ¿verdad? Te amo. Después de 18 meses y 5.000 millas, puedo atestiguar que la distancia y el tiempo realmente hacen que el corazón crezca más afablemente.

Eso también es para ti, mamá.

Siempre estaré agradecida por las influencias que he tenido, tanto en el campo de la misión como en el hogar, que me han ayudado a dar forma y moldearme en quién soy ahora.
Ahora, Pops, comamos algo de comida brasileña y mejoremos tu portugués. Te amo.

Amor,

Oakli


Oakli Wright es de Woodstock, Virginia, y asiste a la Universidad Brigham Young en Provo. Está estudiando la interpretación vocal y está escribiendo su primera novela.

Fuente: Deseret News

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