De narcotraficante a misionero retornado: El increíble proceso de arrepentimiento de un hombre.

El día de Acción de Gracias, Carlos  descendió de un avión en la ciudad de Lago Salado, después de terminar su asignación de dos años en la misión Maryland, Baltimore para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Para algunos, la llorosa y alentadora reunión familiar al pie de las escaleras en el aeropuerto, parecería la clásica escena de quién regresa después de terminar una misión honorable, pero para Carlos, quitarse la preciada placa negra, no es el final de la verdadera misión la que importa más.

Es solo el comienzo.

Carlos, originario de Brigham City, Utah, tomó la decisión de servir una misión cuando era un activo niño de la Primaria. “Iré sin importar lo que pase,” dijo Carlos en una entrevista telefónica esta semana. Él tomó esta decisión en una época en que sus padres  se reconciliaron, después de un período en el que estuvieron al borde del divorcio. Mientras su papá luchaba contra una enfermedad crónica.

“Mi familia no era muy activa en la iglesia y mi madre era adicta a las metanfetaminas, pero el hecho de reunirse con los misioneros y  aceptar la invitación de leer nuevamente las escrituras cambió su vida”, dice Carlos. Mientras su padre agonizaba, su madre se rehabilitaba, regresaron a la iglesia y la relación familiar mejoró.

Sin embargo, mientras Julie, la mamá de Carlos, celebraba su sobriedad, su hijo de doce años estaba probando el alcohol por primera vez.

“Fue en una fiesta, durante el verano, antes de empezar el sexto grado, cuando algunos niños empezaron a tomar bebidas alcohólicas, incluso frente a una de las mamás que estaba ahí. Esa fue la primera vez que lo probé”, dice Carlos.

Meses después en un concierto, Carlos fumó marihuana  con amigos mayores que él. La oscuridad lo condujo a su primera notificación.

Durante el séptimo grado, en un día en que debería haber ido a un viaje de esquí ya planeado con su hermano, Carlos experimentó con cocaína y esa misma tarde con metanfetaminas.

En poco tiempo Carlos  estaba usando cocaína y probando con éxtasis, alucinógenos y similares.  Para cuando empezó la preparatoria, ya estaba en el narcotráfico.  El carismático joven ya amasaba una impresionante clientela y estaba ganando mucho dinero, incluso más que muchos de sus maestros. También había alcanzado un historial de cincuenta multas de todo tipo.

Después de una profunda experiencia espiritual, demasiado personal para escribirla, Carlos pronto volvió al uso y venta de drogas. Las siguientes temporadas fueron como una montaña rusa de breves recuperaciones, seguidas de fuertes caídas. Durante lo que llegó a ser su período más largo de sobriedad, Carlos recayó al ponerse en el lugar equivocado. “Pude haber tenido un mal día, eso debió ser. Había salido con unos amigos y ahí estaba, justo frente a mí”, dice Carlos “Ni siquiera tuvieron que tentarme”, “así fue como caí nuevamente”. Carlos tocó fondo, no podía pasar 24 horas sin una dosis.

Al comenzar su último año escolar,  Carlos empezó a utilizar menos pero a vender más que nunca. Entonces en un típica mañana, como tantas en esos años, su vida tocó fondo.,

”Estaba sentado en casa – nunca lo olvidaré – estaba jugando videojuegos y un cliente mío estaba disparando a mi lado” Carlos describe las circunstancias de manera detallada y cruda como fue que la cabeza del hombre caía en su regazo.

“Tuvo una sobredosis ahí mismo”, recordó Carlos “comencé a gritar pidiendo ayuda. No podía sentir el pulso, sólo sabía que estaba muerto. Me recuerdo gritándole a Dios pidiendo que lo salvara y Él lo hizo”.

Su amigo jadeó tratando de respirar, se recobró rápidamente y la vida de Carlos finalmente comenzó a cambiar para bien.

Durante una entrevista con las fuerzas policiales ese día, se le dio a Carlos una última oportunidad de quedar limpio en todos los aspectos. Aún cuando no entiende completamente porque recibió tal regalo, él sabía que si no aprovechaba ese momento, podría morir pronto.

Fue durante este tiempo de auto reflexión que un tío, Jeff Jones, le hizo esta simple pregunta “¿Kayden, que es lo que realmente quieres?”

Carlos contestó que a pesar de sus luchas, aún deseaba servir una misión, pero sentía que no estaba listo o incluso no era digno para considerarlo. Con amor en sus ojos y honestidad en su voz Jones le testificó que Dios aún creía en Él.

“Él me dijo que realmente sentía que Nuestro Padre Celestial tenía una obra para mí”, dice Carlos y “yo quería hacerla”.

Esa conversación ligada a la imagen grabada en su mente de un drogadicto a punto de morir lo llevó a un proceso de dos años de perdón y de conocer al Señor nuevamente.

“Fue la cosa más dolorosa que he hecho”, dice Carlos “Fue un arrepentimiento intenso.”

Dos años después de incontables reuniones con los líderes del sacerdocio y de aprender a apoyarse en el Señor completamente, el 19 de noviembre de 2014, Carlos abrió el icónico sobre blanco y leyó su llamamiento que una vez pareció imposible recibir.

El servicio de Carlos en la Misión Maryland Baltimore, fue de un éxito tremendo, según la opinión de sus compañeros, miembros de la Iglesia y sus dos presidentes de misión: Mark Richards y Randal Christiansen. Habiendo trabajado personalmente con él en muchas ocasiones, agrego mi propio testimonio de que Carlos fue uno de los misioneros más excelentes que he conocido.

Título de la imagen: Élder Carlos aparece a la derecha, con su compañero quitando la nieve.

Cuando le pregunté a Carlos que identificara las grandes lecciones que aprendió durante esos 10 años, desde la fiesta en la secundaria hasta el momento poco probable de servir una misión, él inmediatamente apuntó al cielo y dijo, “me he dado cuenta de que Nuestro Padre Celestial está al pendiente de sus hijos y que Él sabe nuestras circunstancias, también he aprendido que Cristo verdaderamente pagó por nuestros pecados, por todos ellos y que Su expiación es individualizada para cada uno de nosotros. Él sabía todo el tiempo como ayudarme a superar mis obstáculos.”

Con emoción en nuestra conversación, Carlos compartió su fe en que Cristo le ha ayudado a cambiar su naturaleza. él  dice, “he sido refinado y moldeado. El servicio me ha permitido conocer al Salvador de manera más profunda ”.

Carlos ahora espera compartir su experiencia con los jóvenes de una manera apropiada.

“ Quiero que sepan que mientras se pierdan en el servicio conocerán a Cristo y que mientras pongan todo en el altar ganarán más. Es un patrón mientras más damos, más ganamos y llegamos a ser más como Nuestro Padre Celestial”.

Carlos agregó que incluso si un joven no puede servir una misión de proselitismo de 18 o 24 meses, hay otras maneras altamente significativas de perderse en el servicio a los demás.

Para los padres de adolescentes que estén pasando por pruebas similares, Carlos sabe cuán doloroso puede ser esto y ofrece el siguiente consejo “confíen en que Dios está al pendiente de ellos, Él ama a sus hijos. Ámenlos por lo que son, pero nunca les permitan fracasar. Asegúrense de que siempre sepan que son hijos de Dios y no importa qué, ellos pueden vencerlo y encontrar gozo”.

Después de un largo suspiro y de tomar unos momentos para ordenar sus pensamientos, como pequeños tesoros, Carlos agregó este epílogo “ellos son amados, ese es el mensaje más importante”. Pero para Kayden Carlos, es mucho más que un mensaje, es una misión.

 

 

 

 

 

Imágenes cortesía de Jason F. Wright.

Este artículo fue escrito originalmente por Jason F. Wright y fue publicado en ldsliving.com, titulado como  “From Drug Delaer to RM: One Man’s Incredible Journey of Repntance”
Español ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | Englsih ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company
Traducido por Rebeca Martinez
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