Recientemente el Presidente Henry B. Eyring de la Primera Presidencia publicó una conmovedora foto de él y el Presidente Monson en un templo. Junto a la foto describió el amor y la admiración que tiene por este “siervo inspirado del Señor”

Él Presidente Eyring dijo:

No tomen a la ligera el sentimiento de amor que tienen por el profeta de Dios. A dondequiera que voy en la Iglesia, sin importar quién sea el profeta en ese momento, los miembros me dicen: “Cuando regrese a las Oficinas Generales de la Iglesia, ¿podría por favor decirle al profeta cuánto lo amamos?”.

Eso es mucho más que adorar héroes o la admiración que a veces sentimos por personajes históricos. Es un don de Dios; con ese don recibirán más fácilmente el don de la revelación confirmadora cuando él hable al ejercer su oficio como profeta del Señor. El amor que sienten es el amor que el Señor tiene por quienquiera que sea Su portavoz.

No es fácil sentirlo continuamente, porque el Señor a menudo pide que Sus profetas brinden consejos que para la gente son difíciles de aceptar. El enemigo de nuestra alma procurará llevarnos a que nos ofendamos y a que dudemos de que el llamamiento de profeta proviene de Dios.

 

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