TACLOBAN, FILIPINAS

En los días siguientes a la terrible tormenta que azotó Tacloban, Filipinas, Gemmer Esperas caminaba a lo largo de un paisaje transformado – donde las casas habían sido arrancadas de sus cimientos y donde una capa gruesa de lodo negro cubría la comunidad – mientras buscaba el cuerpo de su única hija.

Annammer Esperas, de 6 años, estaba en casa con su madre, Analyn Esperas, cuando el Tifón Haiyan golpeó la ciudad el 8 de Noviembre de 2013.

Cuando llegó el agua, la madre y la hija fueron llevadas a un campo de arroz. Analyn intentó en vano sujetar a su pequeña hija mientras las olas y el viento azotaban la tierra. Horas más tarde, ella yacería sobre un techo de calamina sabiendo que su única hija había sido arrastrada por la tormentosa marea.

Gemmer retornó de su trabajo de Guardia de Seguridad sólo para descubrir que Haiyan le había arrebatado su hija, su hogar y su trabajo.

Primero encontró y enterró a su hija, luego él luego reunió hojas abandonadas de metal corrugado y construyó un nuevo hogar. Sin embargo, las brechas en el metal no protegían a su esposa del viento o la lluvia. La pareja no pudo dormir.

Todo cambió cuando un consejero del obispado de su barrio, Joy Operio, encontró a los Esperas. “Vayan a refugiarse en la Iglesia.” les dijo él.  Esa noche, en la capilla SUD, ellos durmieron por primera vez después de que su hija falleció.

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Viendo a Tacloban hoy en día, sería difícil para los visitantes imaginar como el Tifón Haiyan asoló la cuidad hace sólo cuatro años atrás.

Los vendedores recorren la calle vendiendo su mercadería. Las casas nuevas y el desarrollo comercial salpican el paisaje, y la montaña, que fue despojada de vegetación durante la tormenta, está cubierta de frondosos pastos verdes.

De acuerdo con el Consejo Nacional para la Reducción y el Riesgo de Desastres en Filipinas, El Tifón Haiyan ha sido registrado como el tifón más letal del país. Dejó a más de 6,100 personas muertas, 28,000 heridos, 1,785 aún siguen desaparecidas y desplazó a más de 4.1 millones de personas.

La tormenta también destruyó más de 1.1 millón de hogares en el centro de Filipinas.

Sin embargo, en un país donde los desastres golpean a menudo, la recuperación era de esperarse.

 “Filipinas es una tierra llena de gente hermosa que ama a Dios.” dijo El Elder Shayne M. Bowen, Autoridad General de los Setenta y Presidente del Área Filipinas de la Iglesia. “También es una tierra de tifones, terremotos, inundaciones y deslizamiento de tierra. Estos desastres naturales son una realidad en Filipinas. Es sorprendente ver la capacidad de resistencia y recuperación de las personas frente a estos desafíos que nunca terminan. Cuando la mayoría de gente se da por vencida, los filipinos siempre están listos para reconstruir sin protestar.”

 “Después del tifón Haiyan, la Iglesia inmediatamente implementó programas para proveer alivio y ayudar a los miembros a reconstruir, restaurar y reorganizarse.” dijo Tony San Gabriel, Gerente de Autosuficiencia de Filipinas.

“El programa de construcción de la Iglesia, empezó después de la tormenta y continúa bendiciendo las vidas de los miembros hoy en día.” dijo Ronald Aban, Gerente de Autosuficiencia de la Misión Filipinas Tacloban.

Como parte del programa de construcción, cada participante obtuvo habilidades básicas como carpintero, recibe herramientas y obtiene un certificado. Un aprendiz construye su propia casa – de aproximadamente 3.7 metros por 3.7 metros de dimensión – y nueve casas más.

Los Santos de Tacloban aún siguen luchando después de cuatro años del fuerte tifón.” Dijo Aban, notando que muchos son los que viven en la misma casa que ellos construyeron con la ayuda humanitaria de la Iglesia. “No obstante, los carpinteros que participaron en el entrenamiento y la reconstrucción hace cuatro años, son mejores hoy debido a las habilidades mejoradas que han adquirido, además de los kits de herramientas que aún pueden usar y los certificados que obtuvieron de la capacitación.”

La Recuperación

Cuatro años después de la ciclón, Gemmer y Analyn Esperas se encuentran en una casa construida por Gemmer a través del programa de construcción de la Iglesia y reflexionan sobre los milagros en sus vidas. 

Analyn sostiene a un pequeño niño – el bebé Gemmer, nacido nueve años después que su hermana.

Además de inscribirse en el programa de construcción en los meses posteriores a la tormenta, Gemmer también aceptó el llamamiento como presidente de los Hombres Jóvenes de su barrio.

Cuando los jóvenes viajaron al Templo de la ciudad de Cebu Filipinas para bautizarse, él y Analyn hicieron el viaje también; ellos entraron al templo por primera vez, hicieron convenios y pudieron sellar su hija a ellos.

“Yo estaba llorando mucho,” dijo Gemmer. “Pude saber que algún día estaríamos junto con Annammer.”

Por un tiempo, Analyn se había sentido agobiada por la pregunta de un vecino bien intencionado que perdió seis niños en la tormenta. “¿Qué es peor?” preguntó el vecino. “Perder un hijo o perder muchos hijos?” La pregunta la embargó de pena.

Sin embargo, aquellas preguntas no importan en el templo. Ella fue llenada de luz. El dolor asociado con el tifón Haiyan se había ido.

Cuando ella y Gemmer se encontraban sellando su hija a ellos, Analyn sintió que Annammer estaba con ellos. “No puedo explicar tal felicidad.” dijo ella, el Templo “borró las pesadillas de mi vida.”  

Gemmer y Analyn Esperas también encontraron la fuerza para pedirle al Señor una cosa más. La pareja oró en el templo para que fueran padres otra vez.

Hoy

El Obispo Frederick Cabe del Barrio Palo, de la Estaca Tacloban Filipinas, dijo que la tormenta “no sería olvidada” en Tacloban. “Cada año hay un monumento para conmemorarlo. La gente enciende velas… para recordarle a las personas que pasamos por esto.”

Pero, aparte de los monumentos –el más sobresaliente es el lugar de la fosa común o el centro de convenciones donde miles huyeron y luego murieron– pocas huellas de la tormenta aún permanecen. Tacloban está prosperando.

También es difícil para Gemmer conectarse con la pena y el dolor que lo consumió mientras deambulaba después de la tormenta. Aún así, dijo, él tampoco lo olvidará.

En una visita reciente, el Elder Ulisses Soares, de la Presidencia de los Setenta, habló acerca del Tifón Haiyan: “Este desafío y muchos otros son parte de esta experiencia mortal… Necesitamos tener fe para levantarnos después de las pruebas y confiar en el Señor.”

Los Esperas dijeron que era exactamente lo que estaban tratando de hacer.

Gracias a su certificado obtenido a través del proyecto de construcción de la Iglesia, Gemmer puede mantener a su familia. Él está trabajando con un camión cisterna como parte de un proyecto del gobierno.

Cuando Analyn regresó del templo en Cebu, otros pudieron ver que ella estaba diferente. Sonería más. Sus amigos, impresionados por la paz que ella había encontrado, investigaron la Iglesia y se bautizaron.

Mientras sostenía al bebé Gemmer, Analyn habló recientemente de su hermana. Ella recordó el nacimiento del pequeño Gemmer–el cual se suponía sería por cesárea debido a que el bebé se encontraba en una posición inadecuada, sin embargo el bebé llegó más rápido de lo esperado –y contó sus bendiciones.

“Como miembros de la Iglesia debemos ser felices.” dijo ella, “porque conocemos el evangelio, porque las familias pueden ser eternas.”

 

Este artículo fue escrito originalmente por Sarah Jane Weaver y fue publicado por lds.org, con el título: “After Losing Only Child to Typhoon Haiyan, Lds Couple Finds Healing through Church Support and Temple.