“A través de un experiencia terrible, una joven recién casada pudo darse cuenta de la profundidad del amor de Dios para con todos Sus hijos.”

Era el día de Año Nuevo. Todo estaba cerrado, pero tenía que hacer una salida rápida hacia la tienda y al banco. Patrick y yo habíamos estado casados por seis semanas y aún estábamos estabilizando nuestras finanzas.

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Habíamos trasladado todo nuestro dinero a su cuenta bancaria dejando la mía vacía, pero luego nos dimos cuenta de que tenía pagos automáticos que llegarían a la mía al día siguiente y que no habíamos contabilizado. Por lo que, con un poco de dinero del nuestra boda en la mano, me dirigí a depositarlo en un cajero automático.

Cuando llegué al estacionamiento del banco, lo vi. Él estaba caminando en medio de otros dos autos que esperaban en la cola del cajero automático y luego pasó justo por delante de mi auto. Recuerdo que pensé en lo frío que estaba afuera, y que él no parecía demasiado abrigado.

auto

Una voz me dijo que debería ir primero a la tienda y luego al cajero automático, pero no la escuché. No quería estar en el banco una vez que estuviera oscuro, porque, ya sabes, ahí es cuando suceden cosas malas. Así que esperé. No me sentía sola porque había dos autos más frente a mí.

Cuando finalmente fue mi turno, hice mi depósito rápidamente. Estaba a punto de terminar de esperar mi confirmación cuando escuché una voz alta y clara en mi mente: “No tengas miedo; todo estará bien.” El hombre pasó detrás de mí una vez más, lo vi en el espejo retrovisor, y luego, en cuestión de segundos, estaba a mi lado.

Ojalá pudiera decir que los siguientes momentos fueron borrosos, como un mal sueño. Ojalá pudiera decir que cada detalle no está capturado en mi mente, pero está presente en todos mis días.

El cañón de su arma en mi rostro. Su tono de voz, sin gritar, pero firmemente diciéndome qué hacer. Él tomó mis llaves, mi teléfono, mi billetera. Quería el dinero que creía que estaba sacando del cajero automático. Sorprendentemente le expliqué con calma que estaba poniendo dinero en efectivo para pagar mis cuentas.

Él esperó a que yo deshiciera todo lo que acababa de hacer para poder tener su efectivo. Al finalizar, él se alejó rápidamente con un “buen día” y arrojó mis llaves en un banco de nieve detrás del automóvil. Huyó al otro lado de la calle y desapareció en minutos.

Lo que pasó después

Mientras salía del auto, en todo lo que podía pensar era en lo mucho que quería salir de allí. Sólo quería llegar a casa con mi esposo para que me haga sentir segura otra vez.

Empecé a escarbar en la nieve para recuperar mis llaves. No tenía esperanza de encontrarlas.

Pero luego ellos vinieron.

Un auto lleno de adolescentes entró al estacionamiento. Intentaban usar el banco como un atajo para evitar el tráfico. Pasaron junto a mí, pero se detuvieron a sólo unos metros de distancia. Uno de ellos salió del auto y me preguntó si estaba bien. Fue entonces cuando finalmente me golpeó lo que había sucedido.

Le conté todo lo que me acababa de suceder, y él corrió en la dirección que mi ladrón había tomado. Su amigo llamó rápidamente al 911 mientras el conductor me ofrecía su teléfono celular para llamar a alguien. Quería mucho poder llamar a Patrick, pero me di cuenta de que nunca antes me había molestado en memorizar su número de teléfono. Así que marqué uno de los dos números que sabía: el de mi madre.

Naturalmente, ella no respondió porque nadie responde a números que no reconocen. Le dejé un mensaje de que me habían robado con una pistola y que me había quedado varada en el estacionamiento y necesitaba que me llevaran a casa. Le pedí que llamara a Patrick y le hiciera saber lo que había sucedido.

La policía llegó cuando estaba hablando por teléfono, entonces comenzaron con una serie de preguntas que parecía continuar por semanas. “¿Cómo se veía él? ¿Qué le dijo?”

Mis padres finalmente aparecieron con Patrick al lado y todo lo que quería hacer era desaparecer. Este ladrón había tomado mucho más que sólo mis posesiones, él había tomado mi inocencia. Él tomó mi confianza en la sociedad. Hasta el día de hoy no puedo usar un cajero automático.

Una carta de la prisión

Me tomó un tiempo dejar de pensar en todo lo que él me había quitado. Lo odiaba. Quería que sufriera por todo lo que me había hecho.

Pero luego llegó una carta.

Recibí una llamada de mi abogado que decía que el ladrón me había enviado una carta desde la cárcel y mi abogado quería saber si yo la quería. Fui a su oficina y lo recogí. Patrick tomó mi mano mientras leía las palabras de disculpa, lo bajo que había caído en su vida, y lo que quería hacer para cambiar.

Al principio, quería enojarme. Él no tenía derecho a lamentarse, él me había lastimado, él no tenía que llorar y tener ayuda; yo necesitaba eso. Entonces, esa voz volvió a mí y me habló en voz baja al oído: “Perdónalo.”

Releí muchas veces esa carta en las siguientes semanas. Oraba para saber si él había sido sincero con lo que dijo. Quería saber que si se había ganado mi perdón; pero luego me di cuenta de que no era mi perdón lo que él necesitaba, sino el perdón de Dios. Entonces le pregunté a mi abogado si podía darle algo a él, y le envié un Libro de Mormón.

Aprendiendo la profundidad del amor de Dios

evangelio de Jesucristo

Viví con miedo durante bastante tiempo después de eso, constantemente miraba por encima de mi hombro, alerta. Me llevó mucho tiempo sanar mi corazón, pero cuando lo hice, me di cuenta de dos cosas muy importantes:

1) Dios me amó lo suficiente como para guiarme a través de una experiencia horrible.

2) Dios también amó a ese hombre.

Miro atrás y me pregunto:

  • ¿Qué hubiera pasado si hubiera escuchado al Espíritu la primera vez que el trató de advertirme?
  • ¿Qué hubiera pasado si hubiera ido primero a la tienda y hubiera ido a un cajero automático diferente?
  • ¿Qué hubiera pasado si el Señor me hubiera dicho “olvídalo” porque no hice caso a la primera impresión?

Felizmente, Su promesa es verdadera, incluso cuando no hice caso a Su consejo la primera vez. Él continuó estando conmigo en ese momento, para advertirme y protegerme. Él continuó mostrando Su misericordia y amor por mí al guiar a esos adolescentes a buscarme. No lo escuché al principio, pero nunca me abandonó. Eso es lo mucho que el Señor me ama. Eso es lo mucho que nos ama a todos.

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” (Juan 14:18).

No hay un escape para el dolor y el sufrimiento en este mundo. Todos tenemos nuestras propias batallas y pruebas que atravesar, pero a medida que aprendamos a escuchar la voz del Espíritu, una verdad siempre resonará dentro de nosotros: El Señor nos ama. Él nunca nos abandonará.

“La paz os dejo, mi paz os doy.” (Juan 14:27).

El Señor nos promete paz, una calma a pesar de las tormentas de la vida. Él nos ha prometido esperanza a través de Su expiación. Él nos ha prometido fortaleza a través de Él si tan sólo creemos.

Sé que el Señor me guió a través de esta experiencia y me ha ayudado a encontrar la paz nuevamente en mi vida. Espero que también haya guiado a este joven a encontrar la paz. Sé que Él nos guiará a todos siempre y cuando aprendamos a escuchar a Su Espíritu y le permitamos curar nuestras heridas y llevar nuestros dolores.

Este artículo fue escrito originalmente por Katie Liddle y fue publicado por living.com bajo el título: “How the Man Who Robbed Me at Gun Point Helped Me Recognize the Depth of God’s Love