Existe una idea falsa común en la sociedad cristiana de que las pruebas y las dificultades provienen de Dios.

Si bien nuestro Padre Celestial es ciertamente consciente de los detalles en nuestras vidas, esto no necesariamente significa que Él las dicta, incluidas las pruebas que enfrentamos en la vida.

En un mundo caído, las dificultades son un hecho de la vida, pero decir que la muerte, la enfermedad, las calamidades mentales y los desastres naturales son orquestados por un Padre Celestial amoroso es traicionar quién es y lo que representa.

Vivir en un mundo caído

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Somos descendientes de Adán y Eva, y como tales hemos heredado un mundo caído. Vivir en un mundo caído significa que nos hemos separado física y espiritualmente de nuestro Padre Celestial, y estamos sujetos a la muerte física y la oposición tanto en alegría como en la tristeza, virtud y corrupción moral.

La caída de Adán y Eva es un concepto crucial para comprender. Hay dos principios doctrinales muy importantes contenidos en:

  1. Nuestro Padre Celestial orquestó la Caída, pero no introdujo el mal en el mundo. Adán y Eva tuvieron la opción de participar del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si bien la oportunidad se colocó frente a Adán y Eva, la decisión de actuar y las consecuencias que siguieron estuvieron en sus manos.
  2. Adán y Eva fueron separados de Dios, lo que causó un mundo caído. La separación de Dios es lo que causó las dificultades de Adán y Eva, no el Padre Celestial mismo. A través de sus elecciones, no podían vivir físicamente en la presencia de nuestro Padre Celestial ni disfrutar de las comodidades que proporcionaba la presencia física. Ahora tenían que producir obras con el sudor de su frente y estaban sujetos a los términos de la mortalidad.

Esta historia de la caída proporciona un patrón de cómo el Padre Celestial lidia con las pruebas en nuestro tiempo presente. Al igual que Adán y Eva, estamos abiertos a pruebas y tentaciones, pero esto es causado por nuestra separación de Dios, no por el mismo Padre Celestial.

Todas las cosas buenas vienen de Dios

Nuestro Padre Celestial es incapaz de crear el mal.

Él permite que suceda para que podamos ser probados, pero la creación del mal y las consecuencias de ello no provienen de él. Moroni 7: 12-14 ilustra mejor este principio:

12 Por consiguiente, todo lo que es bueno viene de Dios, y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios, y lucha contra él continuamente, e invita e induce a pecar y a hacer lo que es malo sin cesar.

13 Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios.

14 Tened cuidado, pues, amados hermanos míos, de que no juzguéis que lo que es malo sea de Dios, ni que lo que es bueno y de Dios sea del diablo.

Esta es la razón por la cual muchos no creyentes tienen un problema con el cristianismo. No pueden imaginar por qué un Dios amoroso causaría tal conflicto dentro del mundo. El simple hecho es que no lo hace; Él puede permitir que suceda debido a las leyes del albedrío, pero Él no es la fuente.

Él no nos ha dejado solos

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Vivimos en un mundo caído, pero no nos dejan solos.

A través del desarrollo del tiempo, nuestro Padre Celestial ha guiado a hombres y mujeres inspirados a desarrollar medicinas que luchan contra las enfermedades, los sistemas de justicia penal que detienen el crimen y las oportunidades económicas para combatir la pobreza. El avance en la tecnología que hace que el mundo sea un lugar mejor proviene de nuestro Padre Celestial, quien es implacable en sus esfuerzos por cuidar de nosotros.

Él también nos ha dado el mandamiento de servirnos unos a otros. Nuestro Padre Celestial puede usarnos como un instrumento de bien para suavizar los caminos difíciles y aligerar las cargas a través de nuestros llamamientos, la enseñanza en el hogar y las visitas y un sinfín de oportunidades de servicio que caen en nuestro regazo.

Sobre todo, proporcionó el sacrificio supremo para ayudarnos a combatir las pruebas de la mortalidad: nuestro Salvador, Jesucristo, que sangró y murió no solo por nuestras transgresiones, sino también por nuestros dolores.

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Nuestro Padre Celestial no es el autor del mal en el mundo. Él es el autor de la paz, el amor y la felicidad que podemos encontrar a pesar de las trampas de la mortalidad, y si podemos aferrarnos a esta verdad, confiaremos en que estamos en las mejores manos.


Este artículo fue escrito originalmente por Logan Groll y fue publicado en MormonHub.com, con el título Trials Do Not Come From Heavenly Father Español © 2017

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