La gente pregunta “¿cómo estás?” frecuentemente y siempre he asumido que es más un ritual cultural que una pregunta sincera.

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Pero, por alguna razón, cuando renové mi recomendación para el templo y respondí si era honesto con mis semejantes, pensé en la frecuencia con la que había dicho mentiras blancas en esos encuentros. Pensé muy poco en que eso me descalificaría, aun así, eso me hizo  pensar. ¿Qué cambiaría si realmente le dijera a todas las personas que me preguntaron cómo estaba en realidad?

Así que, de esa manera empecé una semana de prueba.

Estas fueron las reglas que seguí cada vez que alguien me preguntaba cómo estaba, o algo similar.

  1. Sin retener. Si alguien pregunta cómo estaba, no iba a decir “nervioso” o algo similar porque prácticamente requiere una pregunta de seguimiento.
  2. Breve. Quería hacer que mis respuestas fueran honestas, no largas. Si tuviera que explicarme a mí mismo el no retener, lo resumiría en: lo más simple posible.
  3. Usa una emoción. Aunque para ser totalmente honesto, necesitaría analizar cuatro o cinco emociones predominantes, así que decidí simplemente compartir la emoción predominante que sintiera en el momento en que me hicieran la pregunta.
  4. Se honesto. Este no fue un experimento para ver si podía hacer que la gente se sintiera incómoda. No podría decir cómo me sentí hace unas horas aunque eso fuera una historia más interesante. Tenía que decir cómo estaba en ese momento.

Día Lunes: La Frase “Estoy bien” Desaparece.

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Necesitaba comprar un protector solar para mis labios así que fui a la tienda. Mientras la cajera chequeaba las cosas, me preguntó cómo estaba. Mi primer intento. Yo respondí: “Estoy feliz.”

Esta no es una respuesta totalmente inusual para mí, sucedió que era verdad en ese momento. Ella sonrió y terminó de chequear las cosas. Mi día no fue perfecto, tenía algunas frustraciones menores en el trabajo, así que no estaba feliz todo el día. Pero cada vez que alguien me preguntaba por teléfono, en verdad respondía que me sentía “Emocionado”, “Muy bien”, “Excelente”.

Tan inesperada como pensé que serían estas respuestas, todos simplemente continuaron con la conversación. Sospecho que tuvo algo que ver con el hecho de que la respuesta en general fue positiva.

Día Martes: Confundido

Cuando me desperté esta mañana, mi esposa me preguntó cómo estaba. Yo respondí:”De mal humor.” Siempre estoy de mal humor cuando me despierto en las mañanas. Ella sólo me volteó los ojos.

Mi esposa claramente quiso decir “¿Dormiste bien?”, y mi respuesta no abordó lo que quería saber. Tal vez cuando no “digo la verdad”, lo que estoy haciendo realmente es ¿responder a la pregunta que querían decir? Por ejemplo, la mayoría de las personas que preguntan “¿Cómo estás?” Realmente quieren decir “Hola” y decir “Bien, ¿cómo estás?” Es como responder “Hola” también.

Estaba regresando del parque con los niños, cuando alguien estaba arreglando el jardín de mi vecino. Cuando caminaba para entrar a mi casa, él se me acercó y me preguntó cómo estaba. Le dije “confundido porque no sé por qué se acercó.”

Debido a que esta respuesta hizo que la conversación avanzara (él necesitaba que le prestara la podadora) él siguió la corriente. Esa fue la primera vez que respondí con algo que no era alegre, pero pasó sin consecuencia alguna.

Más tarde los misioneros llamaron por teléfono. Les dije que estaba ansioso por regresar a trabajar, lo que normalmente nunca diría, pero ellos respondieron despidiéndose más rápido. La honestidad funcionó para mí.

Día Miércoles: La Venganza del “Estoy Bien”

Como trabajo desde la oficina de mi casa, pasé la mayor parte de la mañana sin hablar con nadie más que con mis hijos. Así que cuando salimos al parque, respondí con un brusco “bien”, antes de que me diera cuenta. No estaba particularmente interesado en una conversación, y sin pensar “bien” salió a terminar la interacción.

Pero cuanto más pensaba en mi respuesta, más me daba cuenta de que muy rara vez me sentía “bien”. Esa es mi respuesta predeterminada al cómo estás. Creo que es el defecto de muchas personas. Me di cuenta de que en realidad es raro que no tenga vida emocional.

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Cuando mi esposa llegó a casa le dije que estaba cansado, también le dije al posible anunciante con el que hablé que me sentía esperanzado. Ninguno de los dos me dio mucha respuesta, pero comencé a darme cuenta de que para evitar volver a equivocarme como lo hice esa mañana, empecé a verificar con mayor frecuencia cómo me sentía.

Esto no fue necesariamente algo bueno. Si no me sentía bien, todavía tenía que trabajar y cuidar a los niños diligentemente. Realmente no podía lidiar con mis emociones, así que no estaba seguro de cómo el estar más consiente de ellas era algo bueno.

Día Jueves: Abrumado

Tuve una reunión hoy con el presidente del Quórum de Elderes y su hijo, que es un poco mayor que el mío, para que nuestros niños pudieran jugar. Realmente disfruto nuestras reuniones. Él era uno de los pocos amigos que había hecho desde que nos mudamos a la ciudad y era muy bueno para establecer conexiones sinceras con los demás. Lo que era algo con lo que tuve problemas. Realmente quería su amistad.

Sin embargo hoy, no quería que él viniera. Recientemente mi esposa y yo habíamos discutido en casa, ella se iba en un largo viaje esa tarde, así que me sentí abrumado, frustrado y culpable por no querer estar juntos. No quería decirle a mi amigo cómo me estaba. Debatí seriamente en mentirle si que él me llegase a pedir que evitara poner en riesgo mi relación.

Así que por esa razón no le pregunté cómo estaba cuando llegó, y esperaba que él no hiciera. Pero lo hizo. Así que me tomé un segundo para ver si sentía algo diferente que pudiera decir. Respondí  “abrumado” y luego le expliqué sobre el viaje que se venía.

Eso inició una conversación sobre el tema y sobre lo que yo iba a hacer ese fin de semana sin ellos allí. Aunque estaba preocupado al inicio, al final todo terminó siendo algo completamente sencillo.

En el día le respondí a otro padre de familia que estaba “feliz de estar ahí en el parque.”

Le dije a mi hijo de tres años que estaba “Genial”, “Aún Genial” y luego “Fastidiado porque sigues preguntándome.”

Día Viernes: La Cajera

Estaba en la tienda de nuevo, y la cajera me preguntó cómo estaba. Mi esposa y mi hijo habían salido recientemente de la ciudad por un viaje. Ellos se habían por ido un día entero y no regresarían por dos más. Así que le respondí: “Estoy solo.” Ella me miró fijamente. Creo que no miro a las cajeras a los ojos muy a menudo porque eso no se sentía tan natural. Ella me dijo: “Yo también” y luego volvió trabajar.

¿Qué puedes decir a eso?, ¿Podría dejarlo así nada más? Tenía que decir algo más, ¿cierto? Sonreí. Ella volvió a mirarme. “Va y viene, te acostumbras.”

No tenía idea de por qué esa mujer se sentía sola, o que clase de confusión emocional estaba enfrentado, pero sabía que nunca volvería a la tienda de la misma manera. Si la veía la próxima vez, sentía que tendría que volver a su línea. Al menos así me pareció.

Ojalá hubiera estado afuera un poco más ese día, tenía curiosidad de cómo otras personas hubieran respondido a una sincera emoción negativa. Sin embargo no lo hice. La mayor parte del tiempo la utilizo para trabajar o jugar videojuegos cuando me encuentro solo.

Mi mamá llamó. Le dije que estaba solo. Ella respondió con un “lo siento” y luego me dijo la razón por la cual estaba llamando. (Ella ya sabía que mi esposa se había ido).

Día Sábado: Nadie Preguntó

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Probablemente no tenía que ir a la tienda al día siguiente, pero tenía la casa para mí solo, así que si compraba una bolsa familiar de Doritos Rancheros no tendría que compartirla con nadie. Cuando estaba a punto de retirarme, tuve que tomar una decisión. ¿Debería ir a la caja automática para no tener que arriesgarme a tener otra conversación real con un completo extraño?, ¿O tal vez incluso con la misma cajera? Bueno, eso fue lo que hice.

Pasé todo el día encerrado escribiendo y trabajando. Y mientras daba un paseo por el vecindario, lo único que obtuve fue nada más que un saludo.

Me di cuenta de que el experimento estaba basado en un poco de arrogancia. ¿Por qué estaba tan seguro de que tanta gente se preocupaba por lo que estaba sintiendo?

Día Domingo: La Multitud

Sabía que este sería el día más difícil del experimento. Así que no me arrepentía de haberlo guardado para el final. También fue bueno que mi esposa no estuviera allí, así que no tuve que arriesgarme a avergonzarla.

Nuestro barrio es muy amigable. Demasiado. Y como sabía que me preguntarían cómo estaba una media docena de veces antes de llegar a mi asiento, necesitaba estar preparado.

Descubrí que pasé la mañana tratando de ponerme de buen humor. Hice algunos ejercicios. Tomé una ducha extra larga, me puse un poco de colonia y elegí mi mejor corbata.

Como sabía que no podía ocultar mi vida emocional, realmente me ocupé de mi vida emocional. Fue muy fácil hacer eso porque no tenía hijos para prepararme para la iglesia, así que no estoy seguro de cuán relevante sea eso para el futuro.

Cuando entré, pude decir que me sentía muy bien, fortalecido y feliz de estar allí. Debido a que tuve el cuidado de realmente sentir esas cosas, tuve una experiencia emocionante y espiritualmente satisfactoria en la Iglesia.

Más tarde ese día, le dije a mi hermano mientras hacíamos Skype que me sentía frustrado con la tecnología, a lo que él respondió “que mal”, pero estoy bastante seguro de que estaba siendo sarcástico.

Seguir Adelante

Ciertamente no siento que deba continuar este experimento para ser “honesto con mis semejantes.” De hecho, me di cuenta desde el principio que respondo a lo que las personas quieren decir con “cómo estás” en lugar de responder la pregunta como tal.

No me arrepiento de haberlo hecho. No estaba creando amistades de la nada. Simplemente nos comportábamos honestamente basándonos en la relación que teníamos.

Tan únicos como somos, el lenguaje que tenemos para nuestras vidas emocionales es increíblemente duradero en todas las experiencias y nos conectan con las personas de una manera que otras personas no lo hacen. La mayoría de las personas no están interesadas en la vulnerabilidad emocional y pueden olvidar rápidamente lo que dices. Sin embargo, cuando me abría a los demás, estaba disponible para ellos de una manera que simplemente no era como antes.

Hay una gran cantidad de empatía en el mundo y a medida que pasamos el uno con el otro manteniendo nuestras vidas emocionales en secreto, nos perdemos de la abundante humanidad que nos rodea. Una cajera y una caja automatizada no son equivalentes, ni siquiera un poco.

Este artículo fue escrito originalmente por Christopher D. Cunningham y fue publicado por mormonhub.com el título: “I Answered “How are you?” Honestly for One Week