Aprendí a amar el Día de los Caídos por mis abuelos y no por las razones que podrían pensar: No es por los fines de semana largos, o por los largos paseos en bote o por las parrilladas (bueno tal vez por las parrilladas), sino por una razón más importante: los cementerios. No sólo los cementerios, sino los cementerios junto a mi esposo, mis padres y mis hijos todos juntos y las historias que han nacido ahí.

Mientras crecía, el Día de los Caídos era un asunto importante para mi familia, especialmente para mi abuela. A ella le encantaba cortar hermosas rosas (en realidad era mi abuelo el que hacía el corte), junto con cualquier otra flor fresca  que pudiera encontrar, a menudo iba a mi casa y a la de mis padres para cortar unas cuantas y luego colocarlas con orgullo en las tumbas de todos sus seres queridos que ya habían muerto.

Hablaba a menudo de sus colores favoritos o de sus flores favoritas mientras instruía a mi abuelo, a sus hijas y a sus nietos donde colocar las flores en el lugar correcto.

Mis abuelos maternos me inculcaron un profundo amor por el Día de los Caídos y a honrar a los que me precedieron.

Primero toda la familia se reunía en el cementerio donde estaban enterrados los miembros de la familia de mi abuela, luego íbamos al cementerio donde estaba la familia de mi abuelo.

Ese cementerio es el más antiguo de la ciudad y está adornado con un monumento de la Primera Guerra mundial, en el cual siempre hacíamos parada obligada en cada visita. Hablábamos de mi bisabuelo Hino que luchó en la Primera Guerra Mundial, por lo que había una pequeña bandera colocada en su lápida cada año.

Siempre me enorgullecía eso y ahora mis hijos sienten lo mismo cuando hablamos de ello cada año.

Mientras nos dirigiamos a los diferentes cementerios nos encontrábamos con otros familiares que también se dirigían en sus coches al cementerio y me encantaban las conversaciones que teníamos ahí.   

A mi bisabuela le encantaba hablar de su hermano Dee que murió cuando era muy joven. Siempre podía sentir el amor que le tenía cuando mirábamos su lápida cada año.

Nunca lo conocí, pero me puedo imaginar su pelo tan “negro como el carbón” y su estilo mientras ella hablaba de él cada que íbamos al cementerio.

Mi abuela murió hace casi catorce años, pero unos  años antes de que falleciera, me hizo prometerle que visitaría su tumba cada Día de los Caídos , ella me dijo: “Sé que siempre visitarás mi tumba porque esta es nuestra tradición, confío en que sigas haciéndolo cuando muera”.

He cumplido mi promesa, pero no he sido la única.

 

 

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por  Rachel J. Trotter. Fue publicado en ldsliving.com con el título http://www.ldsliving.com/The-Promise-to-My-Grandma-That-Reminds-Me-Why-I-Love-Visiting-Cemeteries-so-Much/s/85473

Español ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | English ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company

(Visited 517 times, 1 visits today)