Durante el último par de semanas, varios miembros de nuestro barrio estaban en unas vacaciones familiares en Turquía. Así que, cuando vi que en los titulares de las noticias estaban hablando sobre Estambul, me interesé más de lo normal, para ver qué había sucedido. Según el reportaje, cerca de un acantilado donde las ovejas habían estado pastando, por razones aún desconocidas, una oveja saltó al vacío. Luego los pastores turcos atónitos, que habían dejado el rebaño mientras desayunaban, observaron como cerca de 1.500 otras ovejas siguieron, cada una saltando desde el mismo acantilado.

Al final, 450 animales muertos yacían uno encima del otro en una pila blanca. Aquellos que saltaron más tarde fueron salvados cuando la pila se hizo más alta y la caída más amortiguada. Desafortunadamente, muchas fueron sofocadas más tarde por el montón de ovejas encima de ellas.

Es un cuento espantoso, lo sé.

Mientras meditaba en este triste informe, pensé en otros informes de noticias que había leído recientemente, donde “seguir a la multitud” había costado la vida de alguien o de muchos.  Algunos casos tales como: una pelea masiva en un partido de fútbol en Brasil por una crítica; un joven asesinado por un grupo de adolescentes porque se negó a entregar su IPod a la pandilla; la conspiración de varios ejecutivos de una corporación importante para falsificar los estados financieros para hacer que las ganancias parezcan mucho más prometedoras de lo que realmente eran. Quizás uno de los anuncios más decepcionantes fue que dos grandes denominaciones cristianas habían votado no sólo para sancionar la actuación de las uniones homosexuales, sino también para permitir la ordenación del clero activamente gay si “estaban en relaciones de largo plazo y comprometedoras”.

Estas historias, y otras, me hicieron pensar en el pasaje de Isaías que dice:

 “Todos nosotros nos hemos descarriado como ovejas; cada cual se ha apartado por su propio camino; mas Jehová cargó en él la iniquidad de todos nosotros”. (Isaías 53:6)

ovejas

Hemos dado por sentado que la mayoría de las personas que conocemos han disminuido el interés por aprender sobre el evangelio de Jesucristo, de modo que nunca lo mencionamos en las conversaciones. Me sorprendió descubrir que uno de los amigos de mis hijos tenía mucho interés en las creencias de los mormones y no sólo tenía una serie de preguntas que eran fáciles de responder, sino que también tenía varios conceptos erróneos que eran muy fáciles de aclarar .

En un concierto que asistí la semana pasada mientras estaba de vacaciones en Massachusetts, sobre el escenario de una pequeña e histórica iglesia de Cape Cod, había una pancarta que decía:

“Vosotros sois la luz del mundo”.

maldicion bendicion
Reflexionando sobre el importante papel de los muchos faros que iluminan el cabo para advertir a los marineros que los peligros están cerca, pensé que tenía una idea errónea de lo que significaba esa escritura. Pensaba que solamente significaba ser “buenos ejemplos”, y que otros podrían desear saber más sobre el evangelio al observarlos. Pero hasta ahora, esa estrategia no había funcionado muy bien. Me di cuenta de que el papel del faro no es solamente “lucir bien”, sino que también está activamente enviando un faro de advertencia. Así que se requiere más acción de muchos de nosotros también.

Por lo tanto, lo que el Salvador quiso decir es que debemos advertir a los que nos rodean de los peligros que vienen al seguir a la multitud, de no obedecer los mandamientos, de perseguir un estilo de vida centrado en el consumo, carente de profundidad de carácter o entendimiento, y la codicia.

Como dice la escritura, “conviene que todo hombre amoneste a su prójimo”. (DyC 88:81). Que con un espíritu de bondad amorosa, demos un primer paso invitando a los que nos rodean a venir a la iglesia con nosotros.

Este artículo fue escrito originalmente por Mark Albright y fue publicado en ldsmag.com con el título: “The World Still Needs Our Light”.

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