La verdad del asunto es que simplemente no somos lo suficientemente buenos.

Siempre existe alguien mejor. Siempre hay algo más qué hacer. Y, para muchos mormones, el “miedo a perderse” en el reino celestial puede envolverlos completamente con consternación y ansiedad.

¿No es triste?

El temor a perderse es muy real

El “miedo a perderse” se ha definido como “el sentimiento incómodo y a veces, consumidor de que te estás perdiendo lo que tus amigos están haciendo, aprendiendo o de algo que poseen más o mejor que tú.”

Existen muchas formas en las que el miedo a perderse se puede manifestar. Sin embargo, se puede observar cuando revisamos nuestros medios sociales cada cierto tiempo en nuestras noches de hogar de jóvenes adultos solteros para asegurarnos de que no pasa nada mejor. O, cuando revisamos Facebook y vemos el éxito de nuestros amigos y nos ponemos ansiosos por las decisiones que tomamos en nuestras vidas.

miedo a perderse

Confía en mí, no eres el único que asiente con la cabeza ante esas declaraciones.

Con respecto a este problema, el Élder Bednar expresó:

“Se ha dicho mucho sobre cómo el miedo a perderse – o FOMO, como se le suele llamar – puede hacer que nos resulte difícil apreciar nuestras circunstancias y entornos actuales… te invito a aceptar las cosas con las que el Señor te ha bendecido y actuar con fe. No te dejes guiar por tus miedos.”

El miedo es una emoción que prevalece en nuestro mundo de hoy y puede parecer cada vez más difícil aferrarse a la fe.

No obstante, antes de llegar ahí, vamos a considerar un tipo diferente de “miedo a perderse.” El miedo a perderse en la vida con nuestras familias y Dios en el reino celestial.

El miedo a no ser “suficiente” para el reino celestial

Sí, eso también es real.

Es el miedo de no estar haciendo suficiente. Que si bien puedo estar haciendo mi mejor esfuerzo este mes en mis oraciones nocturnas, no he estado ministrando en mi quórum o clase, acompañando a los misioneros o preguntando al obispo si necesitaba ayuda, etc.

A medida que mis defectos parecen aumentar y siento que el dolor de mi falta de poder para “aferrarme a todo lo bueno,” me pregunto si el reino de Dios es completamente posible (Moroni 7:19).

Creo que muchos misioneros experimentan este sentimiento por corto tiempo cuando se les confía “llevar Su verdad al mundo.” Mientras servía como misionera en Perú, durante los últimos meses comencé a sentir que llegaba el final.

Sabía que el tiempo era corto y temía no haber cumplido con todo el trabajo que Dios me había encomendado. Pronto, el miedo me volvió paranoica. Golpeaba el suelo con mi pie y dejaba salir grandes suspiros si mi compañera se demoraba demasiado en el baño. Revisaba constantemente mi reloj durante las lecciones. Además, en cierto punto, comencé a preguntarme por qué necesitábamos tener esas largas mañanas de estudio de compañerismo.

Te podrías preguntar, ¿por qué el miedo a perderse es tan malo? ¿Eso no me ayuda a trabajar más arduamente? O, ¿dar más?

Por supuesto, el miedo puede provocar que trabajemos más fuerte, paguemos las deudas a tiempo e incluso, nos pongamos los cinturones de seguridad. Sin embargo, existe algo que el temor no puede hacer, donde solo la fe tiene poder.

“El temor rara vez tiene el poder de cambiar nuestro corazón, y nunca nos transformará en personas que aman lo bueno y que desean obedecer al Padre Celestial.” (Dieter F. Uchtdorf, Conferencia General de abril 2017).

El miedo nos dirige a la dirección opuesta a nuestro Padre Celestial y al plan que Él creó para ayudarnos.

Un nuevo tipo de miedo a perderse

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Finalmente, mi paranoia se completó y mi compañera agotada me suplicó que viera que nos estaba conduciendo a nuestras propias tumbas de misioneras sin disfrutar ni un solo segundo de eso. (No olvides a los niños, trabaja arduamente. Juega arduamente.)

Mi compañera me compartió unas palabras que Jesucristo habló a los nefitas cuando les contó cuán preocupado estaba de que no pudieran hacer todo lo que les había enseñado.

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán por sus propias cosas. Basta el día para su propio mal.” (3 Nefi 13: 34)

Después de varias semanas de orar y reflexionar esta escritura, mi entendimiento se abrió y mis días cambiaron.

En lugar de preocuparnos por lo que no habíamos hecho, encontré paz al apreciar la ayuda que Dios nos dio en lo que pudimos lograr.

En vez de preocuparnos por las 400 000 personas que no contactamos, busqué amar al único hijo o hija de Dios al que nos habían guiado.

En lugar de sentir miedo del inminente final de mi misión, me centré en las oportunidades cercanas que me trajeron el mayor gozo. No me afané por el mañana.

Desarrollé un nuevo tipo de miedo a perderme, uno centrado en el miedo a los momentos obtenidos.

No temas, céntrate en Él

evangelio de Jesucristo

Cristo tenía razón. Pero, eso no es nuevo para nosotros.

Pero, Él tenía razón cuando preguntó, “¿Quién de vosotros, por mucho que se afane, podrá añadir un codo a su estatura?” (3 Nefi 13: 27).

Luego, Él explicó, “Por tanto, si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es, y mañana se echa en el horno, así os vestirá él, si vosotros no sois de poca fe.” (3 Nefi 13: 30)

Cristo nos enseñó que la fe se opone al miedo. Requiere más trabajo y concentración, pero la recompensa es más duradera y efectiva.

La fe requiere de nuestra total concentración en un solo ser, Jesucristo, que puede convertir las oportunidades en momentos obtenidos. Y, ahí, en esos momentos, Él nos recuerda que a medida que lo amemos, Él nos conducirá a casa.

Artículo originalmente escrito por Kayla Tanuvasa en mormonhub.com con el título “Fear of Missing Out… On the Celestial Kingdom.”