Me gustaría compartir mi historia de conversión contigo, con el fin de ayudar a los que buscan la verdad, a aprender qué luz puede entrar en sus vidas al aceptar el evangelio y, al mismo tiempo, animarte a compartir tu luz con el mundo.

He buscado a Dios toda mi vida. Mi historia es un testimonio del poder de la fe y el amor de Dios por Sus hijos.

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Nací y crecí en un hogar judío. Mi padre siempre tuvo problemas para creer en Dios. Por eso, nunca se hablaba de Dios o de Jesucristo en mi casa. En mi sinagoga, desde pequeño me enseñaron que Jesucristo era un profeta falso.  Aunque, mis padres no me enseñaron mucho sobre mi relación con Dios, heredé de ellos el deseo de conocimiento y verdad, el amor por el servicio, el valor de la amistad y el talento por la música.

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Sinagoga de Liverpool, Inglaterra

Desde que era muy pequeño, deseaba creer en Dios y aprender cómo podía conocerlo mejor. Sin embargo, no sabía dónde encontrarlo. Esos deseos me llevaron a preguntar a los demás sobre sus creencias. La mayoría profesaba creer en Jesucristo, pero no podía responder a mis preguntas y dudas. Miraba el mundo alrededor de mí y pensaba: “El mundo es tan perfecto… debe existir un dios.”

Cuando tenía doce años, decidí creer en Dios. Para mí, Dios era parte de mi consciencia, me guiaba a hacer lo bueno, escoger lo correcto así como amar y servir a los demás. Percibía un sentimiento cálido cuando sabía que había cumplido con lo que Dios deseaba que hiciera. El espíritu por medio de la luz de Cristo me estaba preparando para recibir el evangelio.

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Mi decisión de creer me permitió buscar la verdad, incluso más fervientemente y rodearme de amigos honestos, serviciales e inspiradores. Los encontré a través de la banda sinfónica y desarrollando mi talento como músico. Cuando tenía 16, me había rodeado de ocho de los mejores amigos que podrías pedir y de algunos de los mejores músicos de una escuela secundaria del estado.

Un día, en ese tiempo, los misioneros tocaron mi puerta. Les dije que era judío y que no perdieran su tiempo conmigo. Al día siguiente, compartí mi experiencia con mis amigos y les comenté: “¿Quién en el mundo desearía pasar dos años de su vida tocando puertas? ¡Qué pérdida de tiempo y dinero!” cuatro de ellos respondieron que los dos hombres en realidad eran misioneros de su iglesia.

No podía creer lo que escuchaba, la mitad de mis amigos eran mormones. Sabía que solo había un pequeño grupo de miembros activos de la Iglesia en mi escuela secundaria, cuatro de ellos estaban en la mejor banda sinfónica conmigo. Eso no solo era una mera coincidencia. Dios conoce y prepara a cada uno de nosotros para compartir y recibir el evangelio. Estos maravillosos amigos eran fieles y fuertes en el evangelio asimismo eran puros y guardaban los mandamientos. Respondieron todas mis preguntas y me enseñaron que como hijo de Dios, podía conocerlo por medio de la oración.

Mis amigos eran un buen ejemplo y seguidores de Jesucristo. Con el Espíritu Santo como su compañía constante, me sentía diferente alrededor de ellos – era un buen sentimiento – más feliz que nunca. Sentía esta felicidad cada vez que entraba a sus hogares. Quería ser como ellos, tener lo que ellos tenían – ser feliz.

Sabía que lo que me habían enseñado hasta el momento era verdad. No obstante, una pregunta me recordó: ¿qué iba a hacer al respecto?

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Preocupado por mi creciente interés en la iglesia, mis padres me motivaron a reunirme con mi rabino. Me dijo que dejara de investigar la Iglesia. Entonces, me preguntó si había leído el Libro de Mormón. Cuando le respondí que no, me dijo que debía leerlo. De ese modo, sabría que todo era un montón de mentiras.

Esa noche, decidí aceptar el reto.

Le pedí a una amiga una copia del Libro de Mormón para saber por mí mismo si era verdad. Me enseñó la promesa de Moroni y testificó que si estudiaba y reflexionaba los mensajes del Libro de Mormón y oraba con fe, obtendría un testimonio propio.

 

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Oré, pidiendo inspiración al momento de leer. Luego, comencé el viaje con Lehi y su familia. No podía dejar el libro. Cuando finalmente recordé que tenía que dormir, una vez más leí la promesa de Moroni, me arrodillé y oré. Lo que pasó después lo puedo describir como la experiencia más sagrada de mi vida. Sabía la respuesta antes de abrir mi boca para orar. El espíritu testificó la verdad a mi corazón, mente y alma tan poderosamente que en un  instante supe que el Libro de Mormón era verdadero, que la Iglesia era verdadera, que José Smith era un profeta verdadero y que necesitaba ser bautizado.

Esperé pacientemente hasta cumplir 18 años para poder reunirme con los misioneros y ser bautizado. Hubo oposición por parte de mi familia y comunidad en cada paso. Aun así, nunca dudé que Dios me dijo que lo hiciera. Me gradué de la escuela secundaria y el siguiente domingo, asistí a la iglesia por primera vez y me presenté a los misioneros. Unas semanas más tarde, me bauticé.

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Después de un año, entré al templo y serví como misionero en Argentina, donde, como un instrumento de Dios, fui capaz de encontrar y enseñar a aquellos – que  como yo – estuvieron buscando la verdad. Cuando volví a casa, comencé a buscar con anhelo una compañera eterna. No pasó mucho tiempo. Conocí a una mujer hermosa, inteligente, diligente y correcta. Ese verano, nos sellamos por la eternidad.

Me siento tan agradecido de haber encontrado y aceptado el evangelio a tan temprana edad. Me trajo paz, esperanza, propósito y gozo. Amo a mi Padre Celestial que me ha guiado por medio de su Espíritu desde el comienzo. Estoy agradecido por los buenos amigos que Dios puso en mi camino para presentarme el evangelio.

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Sé con toda certeza que el talento musical con el que Dios me bendijo, no fue un accidente. Dios sabía exactamente los diferentes amigos y experiencias que necesitaba tener para recibir el evangelio. Por eso, continué orando: para compartir al mundo mi amor por Él y agradecerle por todo lo que ha hecho por mí.

Te aseguro que a medida que desarrolles tus talentos, te conviertas en buen ejemplo para tus amigos, compartas el evangelio por medio del Espíritu y utilices el Libro de Mormón, serás guiado a muchas personas que están buscando la verdad y tu vida será llena de enorme felicidad.

Artículo originalmente escrito por D.D. y publicado en ldsliving.com con el título “What Happened When My Rabbi Told Me to Read the Book of Mormon.”